Scripta Manent | Indignación sin coacción, por César Emilio Torres

Comenzó el año escolar con la tristeza de las aulas vacías. Ya las calles cercanas a las escuelas no eran como en otras oportunidades. En el transporte privado, que presta un servicio público, no se veían a las madres y a los padres con sus muchachos a cuesta, casi que dormidos aún, en camino al encuentro con el maestro y la segunda casa. La educación conserva, por eso transmite. Valora conocimientos, comportamientos, habilidades e ideales. No es neutral; elige, verifica, convence… descarta.

La improvisada planificación marca la pauta del regreso a la escuela. Insisto en que algunos estudiantes no se reencontrarán con sus compañeros porque el amiguito ha migrado, los han cambio de escuela o peor aún abandonó el sistema. Toca desde el aula defender, mantener y mejorar las conquistas de la educación que libera.

Es un desafío preservar el sistema educativo. Estudiantes, miren a su alrededor y encontrarán motivos que justifiquen su indignación y encontrarán hechos concretos que van a conducir a emprender acciones ciudadanas fuertes. La historia de Venezuela tiene años icónicos como 1908, 1928, 1948, 1958, 1978, 1998 y 2008 donde la presencia de los estudiantes en las calles obligó a los cambios que demandó la sociedad plural frente a los gobernantes. 

Ya 2018 se fue sin una generación en el sistema educativo de la primaria y bachillerato –soy ochentoso- que enfrentara, como en otras oportunidades, a los responsables de las políticas públicas en el país. En los últimos 2 años se ha incrementado el número de soñadores en cruzar la frontera como escape a las consecuencias de una economía sin rumbo definido y en manos de incapaces. La actual dictadura dolarizada en cada caja registradora y flaco bolsillo de la clase trabajadora amenaza la paz, la democracia y el sistema financiero.

El aberrante hecho de que un maestro tenga que gritar a las puertas del Ministerio de Educación y sus sedes en la Zona Educativa “somos docentes, no delincuentes” en demanda de un salario que le alcance para cubrir sus necesidades, otorga el legítimo derecho a la indignación. El haber sido agredidos en las protestas, -acción propia del ciudadano inconforme frente al aparto burocrático del Estado-, por grupos civiles con pólvora en las manos protegidos por la fuerza de choque, en otrora miembros de la Fuerza Armada Nacional, marca el camino de luchar y salvar los logros democráticos.

La humanización del hecho educativo es un proceso en el cual cada quien, desde su rol, se dona en el salón de clases. El reconocimiento por lo humano es un mandato en el crecimiento personal o camino a la adultez del individuo. Podemos entonces lograr que ella no sea lo que es sino lo que debe ser.

El retorno al aula no es una escenografía montada en el despacho de la casa de gobierno transmitido en cadena nacional. No. Es en la calle que se ve la disminución de la matricula. No sucumbir ante el engaño propagandístico de quienes se han adueñado de lo que nos pertenece a todos. Es distinguir entre la opinión pública y la opinión mediática.

Hay motivos para la indignación, valor precioso de los miembros de las sociedades democráticas. Cuando algo indigna te conviertes en militante fuerte y comprometido, serás parte de la historia y de la gran corriente que debe seguir gracias a la acción de cada uno.

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Verba Volant. Es lícito y de humanos errar así como rectificar. No lavo el rostro de figuras públicas o autores en redes sociales, -muchos de ellos comunicadores- que se han convertido en opinadores de oficio, pero sí creo que es válido asumir en primera persona: me equivoqué y reconocerlo públicamente ante la difusión y lluvias de RT a Fake news de chismes no verificados que han alcanzado las dimisiones del rumor que alimenta la opinión pública. Nadie se rinda, el objetivo no es el diálogo, es lograr acuerdos. Sin llegar a la acción la palabra es letra muerta. Las reservas frente al pacto de la Casa Amarilla son lógicas. Si no funcionaron los intentos previos con mediadores de alto calibre como el Vaticano y Noruega, y hasta los de medio pelo como la tripartita de expresidentes aliados a Maduro, Unasur – creada por los intereses del momento- y Santo Domingo con Primero Justicia a la cabeza, ¿por qué debo confiar de una alianza sin observación ni vigilancia que garantice lo que en una mesa nacional se hable? En y desde fuera de Venezuela existe un estimulo -desde las redes- por lo despreciable del ser humano y resulta que hay reservas morales, políticas y cristianas que no se deben agotar. El amigo Gustavo Alemán emitió una sentencia – desde la tribuna de la sobremesa- que me tiene con el método de la observación a millón: “Esta Generación de la apostilla…” ¿Quiénes pertenecen a ella? Muchos de quienes hoy nos dicen desde afuera lo que adentro debemos hacer, pero que ellos no hicieron y si lo intentaron se agotaron. Hermano venezolano, irse no es sinónimo de éxito, como quedarse no lo es de fracaso, ojalá y todos logremos los objetivos.

*Periodista en el oficio y profesor universitario autojubilado. Redes sociales personales @cesaremiliot  Dedicado al fortalecimiento del emprendimiento social itinerante Escuela para el Desarrollo de la Inteligencia #MetodoEDI @desarrollalainteligencia  

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