El Color de mi Cristal | Alicia Carrasquel de Obando, por Olga H. de Curiel

Un día llegó a nosotros recién graduada, trabajaría como profesora en instituciones educativas de Punto Fijo, ciudad a la que le dedicó sus afanes y que amó con sentimiento raigal.

Se hizo nuestra, falconiana, asumió sus roles de educadora con el entusiasmo de sus jóvenes años, de esposa y madre y de ciudadana comprometida con el acontecer de su entorno. No fue indiferente, muchos menos indolente, ni temerosa era de una sola pieza; no modular. «Lanza en ristre» con decidida vocación de lucha reciedumbre y coraje, marca indeleble de los que asumen compromisos.

Hizo vida político-partidista en las filas socialcristianas con mística, entusiasmo y valentía, con una voz respetada que con autenticidad defendía valores y principios. Clara y firme en sus posiciones ello no impedía el respeto a los que pensaran distinto.

Asumió retos conociendo en demasía que muchas veces se es incomprendida y se manejan variables retorcidas; su carácter indoblegable cuando le asistía la razón corría todos los riesgos, era expresión viviente de combate. «Ni medias tintas ni posturas ambiguas».

Su actitud motivaba a las mujeres a bregar hasta el final, contracorriente si fuera preciso y no dedicarse a rumiar desesperanza; quedando en la mitad del camino, mucho menos prestarse a componendas a cambio de representaciones indignas, nunca instrumento manipulable en manos de magos de ocasión que sólo saben de beneficios y triquiñuelas.

Su presencia en diferentes responsabilidades ganadas con votos demuestra que se le apreciaba, tenía credibilidad para ser la voz de los que siempre esperan y son defraudados.

Alicia fué un testimonio de lucha permanente, su presencia y su voz hasta el final en la defensa de la democracia y la libertad.

Al dar éste testimonio de reconocimiento afirmamos que fué una dirigente de garra, firme como la roca que sentimos su desaparición física en ésta hora doliente de nuestra historia, que es una referencia apreciada en la comunidad por su coherencia en el trajín político y por su dignidad de mujer con proyecto de vida útil.

Duerme, Alicia en la paz de Dios.

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