El Color de mi Cristal | In Memorian al Capitán de Corbeta Rafael Acosta Arévalo, por Olga Elena de Curiel

Haciendo honor a su estirpe coriana con una clara conciencia de su rol ciudadano corre riesgos y ofrenda su vida por un ideal de Patria, Democracia y Libertad. El Capitán de Corbeta Rafael Acosta Arévalo intuía que el gran milagro diario que todos los hombres tienen al alcance de su respiración es la vida misma, y la vida emerge magnifica cuando se embala hacía proezas que valen la pena vivirse. No son actitudes tibias las que hacen la historia, ni son espíritus débiles y sumisos los que abonan la fertilidad de los aconteceres.

Muy presente como buen marino la expresión: ¡mantén el rumbo! avanza resueltamente hacía el objetivo previsto, habría dificultades y las asumiría con decoro y valentía; eso hizo, la tortura más cruel no lo llevó a delatar, ni se prestó, aún, con los excesos más feroces a complicar y enlodar el nombre y actuación de otros; la historia registra que así actuaban en otros tiempos de cobardías y dictaduras los corianos auténticos e íntegros, recios, de coraje.

Mar adentro… infinito… insondable, marino de convicción profunda dá testimonio de lucha sin techo ni ambiciones desmedidas, sin contaminarse y buscar ventajas personales, ofreciendo lo que menos cuesta y haciéndose cómplice de la barbarie y la mentira. Sus ancestros corianos no desmienten su heroica actitud ante las torturas crueles y atropellos de los que fue víctima que lo llevaron a la muerte.

Fue cercano coterráneo, aunque por razones de estudio y trabajo no lo viéramos a diario, participó de nuestras solariegas calles y compartió la resolana.

Gabriel Briceño Romero, en fragmentos de Armonía entre el Paisaje y el Hombre afirma: “El Falconiano es como su tierra, pues por extraordinario designio se parece a ella: franco, sencillo, valeroso, sufrido capaz de las mayores abnegaciones en pos de un noble principio. Ha sido espartana la dignidad y clásica entereza de los hijos de ésta región de la Patria para asumir sus responsabilidades con plena conciencia, para abandonarlo todo, heroicamente en provecho del conglomerado y para arrostrar la realidad de los acontecimientos hasta sus máximas consecuencias”.

Capitán Acosta Arévalo

¡Tu sacrificio no es en vano… la borrasca pasará!

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