PARA UNA HISTORIA DE LA PRIMAVERA, por Luis Alfonso Bueno

Una paradoja en nuestro calendario personal nos trae el día de hoy 10 de junio:

En medio de la áspera tristeza de la ausencia de Irwing Daniel nuestro nietro mayor, brota la gran alegría de oír su voz a través del teléfono, gozoso de estar cumpliendo 20 años.

Vive él en tierra extraña como millares de jóvenes venezolanos que han abandonado el país para no perder su futuro, a buscar en otros, opciones de estudio, de trabajo, de formación y realización humanas imposibles de encontrar imposible de encontrar en la tierra natal ahora lacerada y oscura, atrasada y humillada a causa de un experimento ideológico, de colosal ineptitud, de inhumanidad y primitivismo alzados contra la nación como una verdadera desgracia social.

Es paradójica y reconfortante nuestra alegría y desearíamos extenderla y compartirla con los incontables jóvenes y menos jóvenes que, trashumantes, hoy peregrinan más allá de nuestras fronteras describiendo con su sacrificado esfuerzo y fe en el porvenir una imagen absolutamente desconocida de Venezuela en toda su existencia. Ese rostro preocupado o sufriente muchas veces , es el mismo de la Nación antigua que, generosa, supo dar hasta libertad a otros pueblos en un ayer glorioso la alegría de saber que el nieto está bien -cuanto es posible en tales circunstancias- y asume una dura y temprana conciencia ética, ya salvado del penoso riesgo de su país actual, y se asoma bajo el sol de otros cielos a la esperanza de sus 20 años, nos disminuye la congoja que según Plinio el Viejo sólo tiene remedio en el consuelo.

Lejos de sentimentalismos cursis, nos atrevemos a decirle a ese digno universo juvenil de la forzada errancia que ellos con su fortaleza moral, con su entusiasmo incontaminado y fresco, están escribiendo a los ojos del mundo, para un día que habrá de llegar y será “Día del Alma”, nada menos que Historia venezolana de la Primavera.

Luis Alfonso Bueno.

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