El Color de mi Cristal | El Capellán ciego y sordo, por Olga Elena de Curiel

Vé lo que le conviene, oye lo que es grato e interesante a su oído, a su prédica patriotera y sesgada que hace tiempo conocemos.

No es falta de respeto ni mucho menos pecado, él decidió convertir hace tiempo el pulpito en tribuna revolucionaria y la homilía en épica rampante de cotidianos hechos para seducir incautos.

Las redes nos muestran el efusivo abrazo del Capellán y el Papa en los predios del Vaticano. Viene a mi memoria la palabra Pontífice, que quiere decir, literalmente “Constructor de Puentes”. En buen sentido éste término podría aplicarse a todas las personas de buena voluntad que son capaces de unir, congregar, limar diferencias sin artimañas, aquellos que poseen el don de buscar la armonía y la paz dando testimonio de ello en su diario actuar, sin falsas posturas ni a beneficio de inventario, asumiendo con transparencia evangélica que “la verdad nos hará libres”.

Destacaban las noticias que el Capellán le comunicó al Pontífice que en Venezuela todo está perfecto no hay hambre y escasez, todo funciona y las carencias que pueden hacer crisis son culpa del bloqueo del Imperio, el mantra apocalíptico del régimen a la usanza cubana bien aprendidas, cantilena panfletaria del autoritarísmo que juega con el cerebro de los débiles y los hace esclavos. Cínicas y falsas verdades sobre la crisis venezolana.

A mi entender el Capellán se olvidó de su papel por encima de contradictorias situaciones como las que vivimos los Venezolanos desde hace veinte años. El ha hecho causa común con los que hablan de diálogos farseados, portadores de una fraternidad de sectas que solo saben de odio, venganza y violencia, claro es su libertad de ser humano, detalle respetable, pero él es un ministro de Dios que asume el Evangelio como lección de vida que une, reconcilia y perdona, entendiendo, que se logra la vida al entregar la vida con “la verdad que nos hará libres” y no una visión interesada del Evangelio desde su proceso personal partidario ideologizado.

Juan Pablo II hoy santo mil veces bendecido expresó: “A veces olvidamos, que sólo la verdad sirve a la causa de la Paz, mientras que la No verdad hace causa común con la violencia y la guerra y por no verdad, el Papa entiende todas las formas y todos los niveles de rechazo y desprecio de la verdad, es decir, la mentira, la información parcializada y deformada, la propaganda sectaria, la manipulación de los medios de comunicación”. En los regímenes comunistas la verdad ha sido siempre maltratada.

Juan Pablo II de ésta experiencia recalca “ningún partido político tiene el derecho de señalar cual verdad se debe creer y que sentido dar a la historia, ningún dirigente puede convertirse en el ideólogo de lo que deben pensar los ciudadanos”. Palabras claras sin trasfondo ni ambigüedades. Nadie duda que Juan Pablo II fue un Pontífice a carta cabal que señaló los grandes trazos de la diplomacia del Evangelio: “El Evangelio es servicio a la comunión; un servicio que por su propia naturaleza no puede limitarse a una fría intermediación burocrática, sino que debe ser autentica presencia pastoral. Y es que “la luz auténtica os viene de Cristo y de su Evangelio” (tomado de Palabras Para Tiempos Difíciles Pag. 178 André Dupuy 2004).

¡La Justicia de Dios tiene su tiempo!

Se ignora olímpicamente la destrucción que han hecho las hordas resentidas sedientas de poder y dinero que en nombre de la ideología del eje del mal arruinaron y desgraciaron el país.

No se escucha el dolor de las madres que les apresan, desaparecen o matan los hijos, con brutal desparpajo no interesa el testimonio de médicos de la diáspora que sienten cerca el llanto de las parturientas venezolanas que desesperadas cruzan la frontera para parir niños que no tienen patria porque un malhadado socialismo las obligó a huir. Se es indiferente a la incesante desbandada que va tras la sobrevivencia que obliga el desempleo y muchas veces el pensar distinto. Por todo eso y más que el Capellán pasa desapercibido y niega, le imploramos al Buen Dios que le devuelva sus sentidos para darse cuenta y no mentir con descaro; que salga de los fuertes militares y de ser posible averigüe los depósitos para la tortura de seres humanos que distinto piensan, que las arengas en su parroquia sean con recta intención evangélica no con miras proselitistas que encubren odio y que sus oídos escuchen a todos por igual sin distingos y que lo perdone por no cumplir con honestidad, pulcritud y dignidad su misión pastoral.

Estas veleidades humanas que ensombrecen el magisterio pastoral en nada estremecen y hacen vacilar mi fe cristiana con firmeza de roca.

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