El Color de mi Cristal | Camino de Emaus por Olga Hidalgo de Curiel

 Los Laicos de hoy tenemos que sentir el fuego del sol que calcina las espaldas del prójimo que deambula por esas calles de Dios entre miserias, abusos de poder, vanidades y falsas promesas.

Sin ánimo de violentar grandes verdades de la fe y su significado y aun temiendo rozar aunque sin intención la herejía que me endosen y someterme al juicio implacable de los cuasi santos, me atrevo a manifestar mi parecer acerca de un pasaje hermoso del Evangelio el Camino de Emaus, momento desesperanzador, los apóstoles habían vivido tres años intensos de predicación del Nazareno. Clavado en una cruz había concluído su vida, después de múltiples vejámenes a la vista de todos; el régimen oprobioso lo condenó a muerte, creyendo que mataría también su prédica.

Nadie pudo ser indiferente su mensaje caló profundo, su palabra como ejemplo de bien, de amor, de generosidad. Buscó el agua viva que todo ser humano lleva dentro, no discriminó. Fue, sin duda, un maestro tolerante, paciente y amoroso. Predicó una doctrina nueva, aconsejó el olvido de los bienes terrenos y aseguró un puesto en su reino a los mansos de corazón y a los que sufrieran persecución por la justicia; “al cerrarse sus ojos que eran luz”, la oscuridad envolvió a quienes aprendieron escuchándole a amar y a esperar. Aquellos asustadizos discípulos que caminaban pesarosos a Emaus eran el reflejo del pesar de todos, tenían temor y de apresarlos los torturarían hasta hacerlos desaparecer.

Cabe preguntarnos: ¿Estamos viviendo los Venezolanos la hora de Emaus: Confusión, desconfianza, pesadumbre, indiferencia, tibieza, diáspora desesperada, ambigüedad? Quizá, nuestra actitud desolada y deprimida se asemeje a la de aquellos dos discípulos que esa mañana se alejaban descorazonados de Jerusalén.

He oído que existe un grupo de Laicos cuyo movimiento se autodenomina “Camino de Emaus”, me cuentan que en sus retiros hablan de sus experiencias personales a través de la oración y como superan sus problemas, que enseñan que no es lo mismo rezar que orar. Como ente social no se involucran en planes consiguientes a tal fin. Algunos ingresan a sus filas por curiosidad, otros obedecen a que hay “que meterse” o penetrar para ver que es.

En términos generales un grupo de personas que buscan paz y recogimiento, a nadie molestan ni hacen daño, sosiegan sus afanes existenciales en el nombre de Dios, a través de la meditación y el aislamiento de la problemática reinante. En una reunión, alguién de los asistentes preguntó ¿Cómo haría el Grupo Emaus para defender a la C. E. V de los ataques que a cada instante sufre la Iglesia? La respuesta fue categórica: “No es incumbencia del Ministerio de Emaus” y me remito a lo que dice (L. G. 31) “A los Laicos miembros de la Iglesia, integrados a ella mediante el bautismo y la confirmación, corresponde por propia vocación tratar de obtener el reino de Dios e iluminar y ordenar las realidades temporales a los que están estrechamente vinculados”

El Laico debe dar testimonio de vida por su palabra oportuna y acción concreta iluminada por el Evangelio; no es un oportunista que busca lavar sus faltas y el perdón asimilándose sin ningún arrepentimiento y tomando la militancia cristiana como una franquicia suerte de “sepulcro blanqueado”; el Laico es un ser humano de Dios que dá testimonio con su vida de fé en sus responsabilidades frente a la comunidad que lo vé actuar y sabe valorarlo; lucha contra la mentira, la hipocresía, la traición, la cobardía y la corrupción en todo su amplio espectro.

Los Laicos de ésta hora caótica no podemos ser “flores de invernadero” que solo conocen de las luces tibias de los templos, tampoco trampolines útiles a determinadas corrientes aluvionales para penetrar espacios con la anuencia de los falsos prudentes. Los Laicos de hoy tenemos que sentir el fuego del sol que calcina las espaldas del prójimo que deambula por esas calles de Dios entre miserias, abusos de poder, vanidades y falsas promesas.

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