El Color de mi Cristal | ALELUYA por Olga Elena de Curiel

Por entre la resolana mitarera la brisa fresca que viene del poniente ronda la iglesita de la virgen de Candelaria y en tierra de Charros y Rancheras un hijo agradecido y amoroso levanta la batuta con maestría y le ofrenda regalo de constancia y empeño que comenzó desde la infancia, devota oración para rendirle honores.

 

Rodolfo Barraez  Medina con el regocijo sano de obtener tan distinguido  galardón en buena lid, vivencia la tierra de sus ancestros y la fervorosa espiritualidad de un pueblo.

 

Este hecho que enaltece a Falcón y le da relieve nos deja un frescor en el alma y nos hace pensar en mejores días promisores de inquietudes culturales incluyentes en las que se exhiba talento, vocación, estudio, disciplina y espíritu de superación lejos de improvisaciones y desaciertos.

 

Leemos en el Eclesiastés 3: Todo tiene su momento oportuno, hay un tiempo para todo lo que se hace debajo del cielo. “Hay un tiempo para plantar  y un tiempo para cosechar lo plantado”. Cuando hay intuitivos sembradores de esfuerzo sostenido y constante, coherentes en la actitud  de cuidar el almacigo de talento encomendados y la disciplina y responsabilidad sustancian la vocación, la siembra, se fortalece y la cosecha es optima y los frutos son buenos y escogidos.

 

Este feliz acontecimiento nos lleva en justicia, en esta hora, a reconocer el trabajo arduo y responsable del Sistema de Orquestas de Falcón asumido desde su nacencia por el Maestro José Maiolino Conte y demás miembros que en el tiempo no descuidaron la formación de niños y jóvenes del cual forma parte Rodolfo Barraez Medina y otros muchos talentosos jóvenes músicos que andan por el mundo.

 

Hora de reconocimiento compartido que nos llena de gozo y nos incentiva a elevarnos por encima de rastreras medianías y nos conduce a reflexionar en positivo “no se ara en el mar”; se ara en tierra buena, generosa y prodiga que dá buenos frutos si  hay responsables sembradores. Si hay docencia consagrada a formar y dar valores permanentes para la vida, si hay instituciones capaces de ser altar para el servicio y gloria de Dios y de los pueblos.

 

¡Enhorabuena Dios nos bendice!

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